viernes

corazón


felicidad.

Estimada lectora.

felicidad.


podríamos hablar de símbolos, de diseños platónicos,
de jazmines, cuerdas, maderas, libélulas, bandas elásticas;

podríamos morir aquí en el tiempo de la soledad,
en la bóveda de los minutos fríos,
especulando el vacío sobre la forma del corazón;

su hábitat profundo,
su métrica marina,
el cuerpo que se aparta y se interrumpe;

podríamos podríamos

… este aroma a naturaleza ardiendo,

sinceramente.


espejismos


Ya no te toco,
en el espacio del tacto, un péndulo azul;

es agua oscura, cristales de sal, una montaña espejada,
y aun así, conservamos las formas;

no es un decir, ni es ver realmente, no son palabras,
ni bocas, ni brazos;

es la figura anterior al desenlace, el nudo en la garganta,
la translucida impresión de un paisaje atravesado

por vigas de metal, soldados en los ojos,
disparos de arena, piel anfibia;

pasarán las manos sobre las horas, mundos enteros,
aunque ya no te toco…

y donde había, de verdad fueron caballos,
y donde habrá, la noche asoma.

martes

frustración


la falta de.
redunda ausencia la.
frustración sí. Frustración.
con toda su mayúscula imponencia.
y allí mínimos somos.
también minimizados. aplanados.
otros ados. zados.

la falta de.
aunque de intento en intento.
bajo este cielo. vano. el mástil roto.

no mires. no mires. no.
pero la boca.
la boca negra. la noche allí.
precisamente.

lunes

la soledad


En el centro estoy yo
también yo en la periferia
yo en la introducción
en el nudo
y en el desenlace
soy el marco del cuadro
y el cuadro
el autor
y el que contempla
soy el juego y las reglas
además los jugadores
el que juzga
gano
pierdo
luego celebro la victoria
pero lamento mi derrota
me consuelo
me reprocho
cuando bajo siempre subo
y cuando subo estoy abajo
soy la cruz/ soy el martillo
el abrigo/la caricia
aquel que espera en el paisaje
y el paisaje que se aleja
cuando hablo me respondo
muchas veces con razón
aunque no logro convencerme
me persigo hasta el principio
y al final soy yo de nuevo
en el fondo del espejo
en el túnel de la sombra
para chocar contra mí mismo
y ser víctima y culpable
en este esquema de unidades
sin poder emanciparme
ni alcanzar consenso alguno
preso del ruido/del silencio
mientras soy libre como el aire
y no hay resquicio para otro
en este tiempo repetido
en este espacio estrecho y mío
y yo me escribo y yo me leo
y soy la luz
la noche entera.

martes

Nostalgia


El cuerpo es contorno de nostalgia
en una gota de sol que falta
en un puente de madera en pausa
en un bosque que cae sin eco
en el frío de una cama rota
en el canto del zorzal ardiendo
en una cueva donde el mar no acaba
en la mano que exploraba el pelo
en la luna cuando ya es de día
en las armas de la boca oscura
en un timbre que recuerda el hambre
en la nieve de los besos tristes
en la espina de la espalda en trance
en los senos de la noche blanca
en el hueco de las horas lúcidas
en el bronce de la piel que tiembla
en el galope de una pierna antigua
en el sexo donde habita el pulso
en el aire de los muebles quietos
y en el ruido del olvido, claro,
donde nadie dice nada nada.

Ayer

Ayer desperté con el sol sobre los ojos
minutos primarios que sumaron calor a la nostalgia

amarilla de las horas también calurosas
mientras todo pasaba como una piedra en el desierto

Fue la cerradura llameante entre hogueras y llaves
poco a poco abriéndose en el día y el aire
la corriente trajo a tiempo los recuerdos de un amor
de un desamor, las brazadas del oxígeno/un antiguo corazón

no pude dormir
pero nadé y crecí en brazos remotos y en carne extraviada
no encontré mi hogar hasta más tarde

allí cuando el sol abandonó las formas
la opacidad vespertina acarició pieles, colores y rincones
pude dar a luz una boca, una sonrisa, una explosión casi en silencio

caer en el súbito descenso de las horas
hacia el estómago de un domingo azul, de una tarde en casa.

jueves

Solar

En tanto reconozca los estándares
y mi acción sea precisa
y certera como un sol encendido

procederé alzando la cabeza
sobre las nubes
sobre los árboles
represas, congresos, hospitales

porque mi voluntad no declina
ante la oscuridad del olvido
o la destreza de la indiferencia
o los puños de la ira

sobre una torre de brazos y pulmones
a fuerza de convicción
en un acto que retumbe en el corazón del universo
deslumbrará el final sonoro de la obra
como un cuerpo estelar que canta su victoria infinita.

Algo bueno

Haz algo bien. Sinceramente, correcto. Una acción cuya raíz sea transparente, pero que, a la vez, sus efectos se desplieguen como un espectro de luz sobre la forma de las cosas y los cuerpos. Algo que, por la inapelable bondad de su naturaleza, transforme la causalidad del tiempo, modifique las nociones del espacio, y así lo grande se torne pequeño y lo pequeño, gigante. Que la sonrisa sea sonora y frutal, que las bestias agachen la cabeza, que los hogares se enciendan, y que los truenos estallen detrás del horizonte y en silencio. Haz algo bien. Ordena aquello que se presente a primera vista caótico, toca un corazón con la punta de tus dedos, préstale tu sombra para apaciguarlo, y ofrécele luego un trampolín o toboganes. De alguna manera, súbitamente, las horas que prosigan cobrarán sentido.

El idioma

Me atrevo a decir, que esta mañana, a través de un espejado amanecer, sobre un lienzo rojo de carne y líquido, hemos inventado el idioma.

después del incendio


martes

El cuerpo enemigo/ El cuerpo perfecto


El cuerpo enemigo,
crece en su forma intransigente,
el campo abierto de batalla,
no consigna tregua alguna,
y los pájaros negros sobrevuelan,
la piel de los árboles,
la sangre del río,
la mueca febril de la luna,
sobre las manos fortuitas,
sobre la causa y su efecto indeseado,
los huesos, las piedras, la fauna secreta,
la vista en el cíclope de la derrota asumida.

El cuerpo perfecto,
y su duelo de impúber ausencia,
la forma de aquello que falta,
peces flotando que encienden la noche,
en sus alas montadas sobre sombras calientes,
de un verano arrancado a cortezas ardiendo,
y el corazón del océano que late en la boca,
como el cuerno cautivo que clama,
el hierro esencial que penetra la tierra,
donde el recuerdo ha sangrado su origen,
y enrojecido la voz de los héroes pasados.

Aun así,
el cuerpo enemigo, 
el cuerpo perfecto.
el cencerro estridente,
un amor primordial,
gemido en números blancos,
las hortensias llameando,
el eucalipto tendido en la ribera del fuego,
los muslos quemados por la lujuria del cauce,
de una pierna morada,
de un pulmón galopante.

No hay más que
los dientes erectos,
la bestia en la cueva,
su orilla infinita,
y la arena que teje hocicos y vasos,
tabacos y puentes de carne,
espasmos en la columna del tiempo,
ventanas feroces.


jueves

Desapariciones acostumbradas

Otra costumbre recurrente que sin miramiento alguno suele asediar la sucesión de horas, días, lugares, nombres, objetos y arquetipos que trazan las formas de este precipitado devenir es,  sin duda, la desaparición. En cualquier caso, de un momento a otro, vagamente, eso/esto/aquello está aquí, y luego no. Sería tautológico aplicar la expresión: ¿así, de repente?, o ¿cómo si nada, ayer A, hoy –A? Por supuesto, la principal propiedad del rito de la desaparición es consumarse sin mediación, sin un estricto proceso más que el propio hecho de suceder, o en tal caso, haber sucedido. La sustancia que ya no lo es. El rostro que abandona el rostro. La unidad alguna vez incorporada como permanente, conocida en profundidad, amada y rebalsada, pasa a ser, o mejor dicho, deja de ser, a fin de simular un silencio vacante, un hueco en el río de una sombra, un exilio de nociones familiares, tactos, envases, y restos de aire derramándose por la borda.
Ha desaparecido. No cambió. No huyó ni se ha perdido, marchitado, adulterado. Es así. No hay vuelta que darle. De todos modos, me permito introducir cierto matiz en el carácter drástico de este fenómeno: doy cuenta de que es posible notar, en algún punto previo de la línea, allí donde el registro se agudiza y el hilo se tensa, la diáspora en la que comenzaron a difuminarse los bordes, el repliegue de los contornos hacia el blanco de la nada, hacia una turbia visión de aquello que dejaría de arremeter con su presencia, con su cauce de bólido insistente, rojo y aéreo, para ya no estar, para prestarse íntegro a la costumbre, amamantarse en el pecho del abandono, dormir en el silente espectro de los recuerdos y bajo el vapor de la nostalgia. Claro que sí, para desaparecer, y seguir haciéndolo y haciéndolo y haciéndolo.